martes, 17 de febrero de 2015

La poeta Delia Montoya en la soledad del campo

En la soledad del campo es más gigante la noche,
Todo parece silencio, todo parece dormido,
No es así lo que parece, la noche tiene sonidos, 
Hay que saber escucharlos, hay que querer escucharlos.

El viento acuna las copas, con sonidos de vaivén entre las hojas,
El grillo desde el jardín, con infinita paciencia, llama a su amada,
Y cerca del cañadon, el grito del “Teru, Teru”,
Al paso algún peludo, que ha salido de su cueva para buscar alimento.

Sonoro canto del gallo, anuncia cambio de tiempo,
Le responde el canto lejano, de otro gallo desde la chacra vecina.
El crujido de hojas secas, pisadas por el ganado,
Que han llegado a los corrales, donde están los bebederos.

El rumor de la laguna, y el chapoteo de patos,
El ladrido de los perros de la casa, porque se acerca el ganado,
Suave lluvia que golpea, sobre los techos de chapa,
Como cántaro bendito, lo anuncia el canto del gallo.

Y así, muy serenamente, despacito llega el sueño,
Arrullado por tan bellas melodías,
Que seguro puso Dios sobre esta tierra,
Para que nunca puedan ser contaminadas.

Delia Montoya
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